"Cuando el sabio señala a la luna, el necio mira al dedo."
Confucio
La historia que porta cada sujeto se hace manifiesta en su hablar, en su fabular.
El sentido de la palabra “hablar” nos llega del latín “fabulari”, un “decir fábulas”. El verbo latino fabulor “contar historias” se presenta como conversar, charlar. En francés parler y en italiano parlare que vienen del griego παραβολη (parabolé) parábola, palabra compuesta de para (al margen de) y bolé (lanzar, arrojar), que dará origen a lo que conocemos como “palabra”; con un significado que señala: un comparar, un establecer paralelo.
Ahora bien, no todo el que habla, dice.
La diferencia la podemos encontrar del latín “dicere”, emparentado con el verbo latino “dicare” (dedicar, consagrar), ambos de raíz indoeuropea *deik- (señalar). De donde podemos acercar una hipótesis: no toda fabula consagra una señal. O, quizás, toda señal se oculta en la fábula en tanto la trasciende, señalando algo por fuera de ella.
"Cuando alguien pone el dedo en la llaga,
sólo los necios piensan que lo importante es el dedo."
Confucio
La llaga, la huella, la hendidura, el límite, el borde. La delimitación de la palabra, es en sí misma, su limitación. La letra, esa macula sobre la hoja en blanco, en un más allá que inscribe la marca del no-todo desde un más acá del que solo, nos hablan las parábolas. Describe y prescribe, pero siempre al filo de un vacío. Rodeando lo indecible, lo real.
“Pon a tus palabras el sello del silencio,
y al silencio el de la oportunidad.”
y al silencio el de la oportunidad.”
Solón
El discurso que señala, trasciende lo que circunda al sujeto hacia lo otro, donde el retorno se sucede como sentido. Un movimiento que funda el sentir, y lo sostiene en el vacío. Ese vacío, es un silencio, un espacio abierto de nada, que como un grito señala la perdida necesaria para que haya existencia, para que acontezca el Ser, en tanto palabra.
El Grito por Edvard Munch

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