martes, 18 de abril de 2017

Naufragio


"Cada ser es un himno destruido."

E. M. Cioran

La mierda flota.


Todo aquello que la ciudad oculta vuelve de la oscuridad cloacal para abrazar a sus detractores. La gente se electrocuta cruzando las calles que ya son ríos que avanzan y salpican y devoran los autos a su paso. Las ratas montan plateas en los cables de luz, y con risas lloran su hogar. Una mujer se ahoga de pánico, mientras su padre la abraza tendida como un trapo muerto. Las ciénagas se erigen vomitando coléricas rimas de bilis desde sus entrañas. Las sirenas cantan a lo lejos, pero nunca llegan. Son un amor, una salvación perdida. Los cementerios se abren de boca al cielo renovando las camas con sus sueños de raíces solitarias. El cielo fosforescente mira y escupe contra el mundo, contra sus profanos reyes de pálidos huesos, y con una mano podrida de gusanos hunde sus garras de barro frío sobre las frentes ajenas. Y se masturba. Con cada paso, con cada grito que moja la tierra se masturba. Y acaba con todo. Acaba sobre el mundo de a chaparrones, untándolo todo de vida y muerte precipitada. Y nacen muertos flotando en la tormenta como ancianos aterrados que estallan en un coro tenaz ofrecido al dios miocardio.


La fuente de los burgos se rebalsa de húmedo pánico.


Le Radeau de la Méduse, Théodore Géricault, 1819.

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