Pues, resulta que viene la madre de la nieta de una vecina de mi tía, caminado por la veda del rincón de la esquina del parque más aburrido de la ciudad autónoma de la represión representativa.
Al llegar a una esquina, se encuentra con un bombero, quien muy amable y bien vestido – bombero galán-, le solicita a dicha señora, una considerable suma de dinero como colaboración a los servicios prestados a su comunidad. La madre de la nieta de una vecina de mi tía, siempre caritativa con sus principios altruistas, no se anda con vueltas, y le entrega a dicho funcionario una suma considerable de bienestar. Y piensa en sus adentros, que ha sido una forma capitalmente honrada de “apagar sus fuegos” sexuales.
Al llegar a la segunda esquina, se tropieza con un policía de la metrolanga, quien muy firme y formal – policía de antifaz- , le solicita a dicha señora, una cuantiosa suma de dinero como colaboración de los prestigiosos servicios prestados a su prestigiosa comunidad. La madre de la nieta de una vecina de mi tía, siempre caritativa con sus principios de justicia y equidad, no se anda con inseguridades, y le entrega a dicho agente, una suma prestigiosa de bienestar. Y piensa en sus adentros, que ha sido una forma capitalmente cortes de “reprimir sus libertades” sexuales.
Al llegar a la tercer esquina, se demora con un barrendero, quien muy desprolijo y mal dormido – barrendero perfumado-, le solicita a dicha señora, una relevante suma de dinero como colaboración de los impecables servicios prestados a su comunidad. La madre de la nieta de una vecina de mi tía, siempre caritativa con sus principios de higiene y salubridad, no se anda con impurezas, y le entrega a dicho peón, una suma impecable de bienestar. Y piensa en sus adentros, que ha sido una forma capitalmente saludable de “purificar sus repugnantes” deseos sexuales.
Al llegar a la última esquina, se trastabilla con un trapito, quien muy desaseado y mal hablado – trapito mafioso y haragán-, le solicita a dicha señora, una vulgar suma de dinero como colaboración por los voluntariosos servicios prestados a la comunidad. La madre de la nieta de una vecina de mi tía, siempre caritativa con sus principios de segregación y altruismo, de higiene y salubridad, de justicia y equidad, no se anda con indignidad, y le entrega a dicho harapo, una deshonrosa suma de malestar, entre gritos y aspavientos, ella dice no dejarse extorsionar. Y piensa en sus adentros, que ha sido una forma capitalmente digna de “negar sus perversas” pulsiones anales.
Pues, resulta que viene al consultorio, la madre de la nieta de una vecina de mi tía, y me cuenta que se siente perturbada y afligida, no duerme por las noches, que la inseguridad es abismal, la asaltan candorosos calores menopáusicos –cree ella-, que no logra apagar, que trastornan sus placidos sueños. Despertando todas las noches con bastas segregaciones vaginales, que la preocupan de forma considerable. A todos estos comentarios incómodos para una conversación desatinada, le pregunto cómo ha intentado resolverlo; y ella, con un gran gesto de satisfacción, me dice: - pues, mira, no he tenido más remedio que sobar entre mis piernas un trapito de tocador.




