martes, 14 de marzo de 2017

Nadie responde



Ante tus ojos de copa
se sirve el mundo,
desnudo llanto de los vientos
crece en la oscura noche
de tu boca.



No me lo cuentes. Hemos llegado tarde. Tantos teléfonos colgados al mismo tiempo. Nadie responde. Nadie.

Y él llama, llama todos los días. Ya se cansó de estar sucio, más que nada, de lamentarse por su propia desesperación, hay tantas. Hay tantos arañando como sordos su ceguera de angustia. Y uno trata de hacer algo con su condición. Esto es un oficio mortal; el amor, la sangre golpeando noche y día. El sueño no se detiene, nos creemos vivos.

La vida es un lujo muy pretendido. ¡Comé, que se te enfría! Y el vino que nunca alcanza, y la mesa que baila, y las preguntas…

¿De qué se murió? De estar vivo.

¿Y le dolió? Siempre duele.

Mi vida se sirve en una mesa, solía decir. Pero no en cualquier mesa. Lo peor de la televisión es que seguimos hablando de ella. Pero esa mesa no es cualquier mesa. En ella se sirve la vida, tan sabrosa como la muerte. Es gracioso, ambas duran lo mismo que nada. Solo un suspiro, en el que pasamos ausentes la mayor parte del tiempo.

Pero esa mesa tenía unas piernas únicas.

Estar vivo, ¡qué tarea!

Esta cuestión de mantenerse en pie. Y a uno le hacen correr por la vida. Galopar como ciegos anímicos. ¡Qué va! Si las mesas no corren. Solo bailan por la suerte de su pérfida geometría, del eje perdido.

Caigo en la cuenta de que uno no puede amar a todas las mujeres a la vez. Pero si no se las ama, se las envidia. Qué hermosa y profunda condición esa, aquella, la de dar vida. Aunque no sepamos para qué mierda sirve. Es que, eso, no sirve para nada. Y cuando uno se da cuenta de eso, quizás vive algo. Algo le sucede a uno, sin razones, sin apuros.

Estar vivo es el mejor momento. Borrachos de ausencias, vivir es morir, convertirse en un extraño, perderse en cada momento. Perderlo, porque solo así vale más que todo valor. Sólo así se asume algo más allá de todo valor, más acá en la distancia.

¿Y para qué? Para nada.

Ni siquiera para poder vivir, la nada no alcanza. Es que nada alcanza. Y las palomas vuelan, ¡qué envidia!

Siempre que me enamoro lo pierdo todo, o casi todo, siempre queda un vacío de queja. La carne cruje, el hambre llama.

Y la mesa, ¿dónde apoyarse en esta vida? Envidiar a los animales, muy cotidiano.

¿Cómo vivir sin sufrir, sin perder en cada instante, el mismo instante? Uno vive extrañado, extrañando, entrañado.

¡Cuánta gente de mierda, cuánta gente bella! Cada persona en su única tragedia. Y al que estaciona mal en este mundo, le rayan el coche. Esto recién comienza.

Árboles, no se preocupan. Altos en sus copas están abrazados al viento.

Mantener las manos manchadas de tinta, esa es la meta. Mantenerse vivo, ese es el chiste.

Yo no me puedo enamorar de cada mujer que pasa ante mí, no hay autorización para tanto, está prohibido. Hay que elegir, y esta soledad es única; como la tristeza, es un discurso que extraña.

Y las palomas llegan volando, y así se van.

Por algo dicen: panza llena corazón contento. Y la mesa está servida.

Vivir sin apuros, porque la vida nos vive, o la muerte, o el amor.

Y la gente mira, busca, descubre, inventa y habita. Luces que se prenden de día. ¡Qué irónico! Y los árboles siguen ahí, de pie.

El sabor siempre único, quizás de ahí nace la memoria, siempre única en sus fallas.

Perder la noción del tiempo, perderlo todo. Escribir, aunque nos cueste el tiempo, o la misma vida. Estar montado en el sendero perdido, el amor.

La gente me molesta, me tengo que ir.

Estoy sobre mis huesos, y entre ellos he de morir. Esto es hasta donde vos quieras.

¿Dónde se van a meter tantos mails? Dejá, no contestes. Disculpe, ¿me sabe decir la hora?
¿Qué sabor tiene el tiempo, el tempo, el temple en el templo del mundo?

La pregunta siempre es una pregunta ante la muerte, ante el otro.

¿Y si las moscas hablaran?

Harían lo mismo que nosotros, ruido.

Solo yo, es decir, nadie, puede leer esto. Y no es una ilusión imperativa, tan solo una experiencia empírica.

Nadie responde.

S. V. Ivanov. On the road. Death or a migrant. (1889)

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